Los efectos locales del terremoto político
En Villarrica, una debacle para la UDI, pero oportunidades para Renovación Nacional y para la Concertación, que deberá adoptar un nuevo estilo de campaña.
Por Manuel Gross Osses
El terremoto provocado por la proclamación presidencial de Sebastián Piñera dejó seriamente dañada la candidatura de Joaquín Lavín. El terremoto causado por la bajada de Soledad Alvear, por su parte, remeció hasta los cimientos de la Democracia Cristiana, que deberá hacer esfuerzos para soportar las réplicas que serán inevitables.
Aparte de lamentar las víctimas humanas, los terremotos de la vida real tienen la facultad de derrumbar las estructuras más debilitadas, lo que permite el nacimiento de nuevas construcciones más modernas y resistentes a los futuros embates sísmicos. Lo mismo ha pasado en la vida política, con el hundimiento definitivo del pinochetismo y el surgimiento de una derecha más democrática pero igualmente concentradora de la riqueza.
En Villarrica, los daños a la estructura de Lavín, incluidos sus candidatos a diputados, se reflejarán en una cuantiosa pérdida de votos, bajando desde el 65,30% de 1999 a un 17% de las últimas dos elecciones, debido a que un 35 a 40% de los votos se irán a Piñera. Con este panorama, a la UDI le será casi imposible encontrar un militante que se quiera sacrificar como candidato a diputado. En particular, Lavín pierde su aura de apoliticismo al quedar reducido a ser simplemente el candidato de la UDI con su negra carga de sustento ideológico de la dictadura pinochetista.
A Piñera no le basta con exhibir sus credenciales democráticas porque para todos los efectos prácticos es un típico empresario representante de la derecha económica que a través de sus parlamentarios ha impedido o dificultado la aprobación de leyes tendientes a aliviar la “escandalosa desigualdad social” imperante en Chile.
Según las encuestas, la Concertación perdería entre un 3 y un 4% de votos que se irían a Piñera pero, en cambio, tiene una significativa ganancia en el hecho de contar desde ahora con una candidata única y más de seis meses por delante para desarrollar su campaña electoral, mientras que la derecha está perdiendo valioso tiempo en recomponer una Alianza con dos candidatos presidenciales y una tormentosa plantilla parlamentaria en un clima de odiosidades mutuas entre ambos partidos.
Para la Concertación se presenta el importante desafío de lograr una integración armoniosa de los militantes de la democracia cristiana en el Consejo de Iniciativa Ciudadana conformado por los adherentes de Michelle Bachelet de todos los partidos y ciudadanos independientes, y que ha demostrado un trabajo cercano a la gente, escuchando sus propuestas, sin demagogia, en un nuevo estilo participativo que sigue de cerca las acciones y las palabras de Michelle Bachelet.
Sábado 28 de mayo de 2005